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¿Ser o no ser (madre)?

Ser o no ser madre

Es tan fácil imaginarse la progresión de tu vida con hijos… Creces, maduras, conoces a alguien, te casas o no, tienes hijos, los criais, se van de casa... Lo has visto miles de veces, es la "norma". Pero ¿y qué pasa cuando no los tienes?

¿Ser o no ser (madre)?

Se acerca tu cumpleaños 

¡¡¡¡Bieeeen!!!! 

Caen los 34… 

Dejemoslo en ¡bien! En el fondo de tu cabeza tienes una molesta vocecita que te recuerda "¿Y el bebé qué? ¿Quieres uno o no quieres uno? Se te va a pasar el arroz y luego todo son lamentos".

Lo cierto es que si te tienes que hacer la pregunta es porque, a diferencia de otras personas, no te ha subido la fiebre del bebé (¡quiero ser madre sí o sí!). A esta edad muchas de tus amigas tienen ya uno o dos, crees que quizás tu reloj biológico no es como el de las demás. Observas a tus amigas convertirse en madres, hablas con ellas, les preguntas todo lo que no ves o lo que a ellas no se les ocurre contar, pero aun así la duda persiste. 

¿Merece la pena? 

¿Cuál es la percepción desde dentro? 

¿Soy yo la que quiere tener un hijo o es presión social, imposición, presión familiar? 

¿Estoy donde quiero estar emocionalmente, laboralmente, económicamente para siquiera plantearmelo? 

¿Estoy lista para sacrificar gran parte de mi libertad? 

 

Son solo unas pocas de la preguntas que se te pasan por la cabeza y la mala noticia es que todo el mundo te dice lo mismo “nunca piensas que estás preparada” “si te lo piensas tanto, nunca lo vas a hacer”. Pero ese es el problema, ¿no? ¿No debería de ser obligatorio, al menos, pararte a pensar en todo esto antes de tomar una de las decisiones que mayor impacto va a tener en tu vida?

Si te paras un segundo a leer algunos artículos en internet lo que encuentras es el precipicio de la infertilidad al que caes cuando pasas el abismo de los 35... ¡que dramático! Pero la sensación de falta de tiempo, el estigma de no tener hijos, pensamiento de estar “perdiendo algo”,  el “eso es que no has conocido a la persona adecuada”...

¿No debería saber si quiero o no tener hijos independientemente de con quien estoy? Al final del día eliges a la persona con la que quieres estar según las cosas que tenéis o no tenéis en común… Una de ellas podría ser “quiero tener hijos / no quiero tener hijos”... 

Todas esas preguntas que te llenan, a veces más y a veces menos, la cabeza, pueden llegar a hacer que te replantees un poco todo, ¿si tengo hijos entonces qué pasa con mi trabajo? ¿si no tengo hijos qué pasa después?

Tanta pregunta acaba por agobiar, te puede llegar a desbordar y puede resultar difícil desmenuzar e identificar lo que uno quiere o, por lo menos, lo que quiere en este momento. No podemos olvidar que lo que decides lo decides respecto a cómo te sientes en este momento, no somos adivinos de nuestro futuro.

La pregunta del millón, ¿puedo ser feliz si no tengo hijos? Al final todos nos adaptamos a la circunstancias que tenemos (mayor o menor poder económico, mayor o menor círculo de apoyo o limitaciones físicas).

Es tan fácil imaginarse la progresión de tu vida con hijos… Creces, maduras, conoces a alguien, te casas o no te casas, tienes hijos, los criais, se van de casa o no se van de casa, para entonces ya eres mayor (o más mayor) y sigues trabajando o te jubilas, disfrutas tus años de retiro y de tus posibles nietos… ¿Ves? Es fácil. Una progresión que has visto millones de veces en la televisión, el cine, en tus familiares y amigos.

¿Pero qué es lo que te imaginas cuando no tienes hijos? Creces, maduras, conoces a alguien que dura toda la vida o parte de ella, te jubilas y… ¿Ya? Por supuesto que entre medias puedes hacer todo lo que quieras, pero cuesta algo más hacerte una imagen tan concreta como la anterior. Existe un espacio para el que ahora mismo se te pueden ocurrir mil cosas con las que rellenarlo, pero que, por falta de ejemplos, es difícil imaginarlo.  

A ver, está claro que poder, puedes, pero el miedo sigue allí, ¿me arrepentiré? Pero no hay, o no suele haber, una decisión de la que nos arrepintamos completamente. En el momento era la decisión que te pareció la más adecuada con la información que tenías y cómo te encontrabas. Al final todas o casi todas las opciones tienen su lado positivo y su lado de negativo, el camino que elijas será el tuyo y dependerá de cómo vivas con esa elección. Nunca podemos estar seguros de que las cosas vayan a salir bien: pero podemos confiar en que intentaremos hacerlo lo mejor posible.

 

 

Autor: Sinapsis Consulta

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